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Nuevo presidente del Consejo de Administración: Gustavo Giay

En esta entrevista Gustavo cuenta su camino en el Estudio hasta esta designación, desafíos y oportunidades de la profesión, y los valores culturales de Marval.

4 de Febrero de 2026
Nuevo presidente del Consejo de Administración: Gustavo Giay

En la Asamblea Anual del 9 de diciembre de 2025, los socios de Marval O’Farrell Mairal designaron a Gustavo Giay como nuevo presidente de su Consejo de Administración.

Gustavo es abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con estudios de posgrado en la Universidad de Northwestern, Chicago, Estados Unidos. Ingresó al Estudio en 1995 y es socio desde el año 2003. Actualmente, colidera los departamentos de Marcas, Tecnología y Propiedad Intelectual y de Telecoms, Media and Technology (TMT)

De perfil innovador y espíritu emprendedor, reconocido tanto en el país como en el exterior, Gustavo cuenta con una sólida trayectoria en la conducción de equipos y ha liderado las iniciativas de innovación de la firma en los últimos años. Bajo su impulso, Marval se consolidó como un estudio de referencia en la prestación de servicios jurídicos relacionados con la tecnología. Previamente, integró el Comité Ejecutivo y el Consejo de Administración.

Su designación se enmarca en un contexto de transformaciones significativas en la profesión. Su nombramiento representa una decisión estratégica y oportuna para acompañar estos cambios, aportar una visión renovada y consolidar el liderazgo de Marval en un entorno cada vez más desafiante. Con esta decisión, el Estudio reafirma su compromiso con la innovación, la excelencia profesional y la adaptación a las nuevas demandas del mercado.


¿Cómo fue tu camino hasta llegar a esta designación como nuevo presidente del Consejo de Administración del Estudio?

Llegué a Marval hace 30 años, joven, recién recibido, con entusiasmo y con la ilusión de formarme en un entorno que me desafiara. Tuve la enorme fortuna de encontrar grandes profesionales que fueron, además, verdaderos maestros, socios y colegas que marcaron mi camino con generosidad, exigencia y ejemplo.

Empecé mi carrera en el área de propiedad industrial y, desde el inicio, me dediqué a la protección de los activos intangibles Tuve y tengo el privilegio de asesorar y trabajar con compañías multinacionales de primera línea y acompañarlas en sus negocios y en la protección de sus activos en la Argentina desde hace 25 años.

Gracias a la confianza que recibí del Estudio y a nuestra cultura profundamente abierta a la innovación, durante mi rol como socio tuve la posibilidad de liderar el desarrollo de cuatro áreas de práctica que antes no existían en la firma. Una de ellas, la de tecnología, fue especialmente transformadora ya que me permitió vincularme con la innovación de manera directa, comprender desde adentro la revolución tecnológica que estamos atravesando y liderar iniciativas en el Estudio que mantuvieron nuestra vocación de estar siempre un paso adelante. Ese recorrido fue clave para formarme y prepararme para gestionar el cambio de manera permanente.

Luego asumí responsabilidades internas, colaborando como miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Administración, lo que me permitió conocer de primera mano temas de gestión de la firma y de las dinámicas entre los socios. Y, finalmente, mis socios me eligieron para servir por cinco años como presidente del Consejo. Ha sido un viaje por demás gratificante.
 

¿Qué significa ser abogado para vos?

Estoy convencido de que la profesión que ejercemos no es un fin en sí mismo, sino un medio para servir. Servir a los clientes, servir a nuestros equipos, servir a la sociedad. Hacer el bien posible para el mayor número de personas. Ese principio me ha guiado desde el primer día.


¿Cuáles creés que son los desafíos y oportunidades que nuestra profesión tiene por delante?

Es muy probable que en los próximos cinco años ocurran cambios mucho más radicales que los que vimos en los últimos 20 o 30 años. El desafío es seguir preparándonos como lo venimos haciendo para un futuro que todavía no sabemos bien cómo será, pero con certeza será diferente.

La tecnología y la inteligencia artificial sin dudas están generando un impacto importante. Hay un nuevo idioma en que se redacta el futuro del derecho y, quienes no lo hablen con fluidez, quedarán fuera de la conversación. Como abogados tenemos que anticipar las disrupciones que la tecnología provoca y traducirlas en soluciones legales ágiles, éticas y estratégicas. Esto es un desafío, pero, al mismo tiempo, representa una enorme oportunidad para evolucionar y diferenciarnos.

En este contexto, la colaboración adquirirá un valor supremo ya que será la única estrategia sostenible frente a la complejidad creciente del entorno legal, regulatorio y tecnológico.

Además, en un mundo cada vez más automatizado, el rasgo que nos distinguirá será la capacidad de conectar genuinamente con el otro desde la empatía, la escucha activa, el respeto y la confianza. Ese vínculo humano es el que nos volverá realmente imprescindibles, ya que vamos hacia un ejercicio del derecho donde la sensibilidad y la humanidad serán tan valiosas como el conocimiento.

Por otra parte, a la excelencia jurídica se le suma una nueva exigencia que es interpretar la ley a través de la lógica del negocio, para que la solución legal nazca del entendimiento profundo del entorno en el que opera el cliente. Por eso, los abogados del futuro, y de este presente, serán aquellos capaces de combinar precisión técnica con sensibilidad comercial, agilidad con profundidad y estructura con flexibilidad.

Para afrontar estos desafíos deberemos tener a profesionales técnicamente sobresalientes y también a quienes tengan habilidad para construir capital relacional, entiendan el negocio y puedan contribuir en la generación de trabajo. Esto requiere seguir trabajando para hacer de nuestro lugar de trabajo un lugar atractivo con posibilidades concretas de desarrollo para nuestros profesionales.
 

¿Cuáles creés que son los valores culturales más importantes de Marval?

En primer lugar, la búsqueda permanente de la excelencia, que es el ADN de nuestro Estudio. En segundo lugar, nuestro compromiso con la diversidad, que responde a una convicción de que lo distinto suma, enriquece y eleva la calidad del servicio que brindamos. Y, en tercer lugar, la ética en el ejercicio profesional ya que, en un contexto donde todo se transforma, la ética permanece como punto fijo: es el fundamento que sostiene la confianza, la credibilidad y el verdadero prestigio profesional.